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sábado, 13 de septiembre de 2008

Via delle Cave n 1

A la maniana nos despedimos de Marcin el polaco, y nos encaminamos al centro de Pisa. Al rato vimos a Marcin entrando a una iglesia para pedirle al cura que le guardase las cosas por el dia, pero como no lo entendia por el mal ingles, lo invito a irse. Nosotros, que miramos la escena desde el fondo, lo volvimos a intentar y, gracias a los dotes linguisticos de Marianela Roselini Mayer nos compramos al clerigo, pero solo hasta el mediodia.

De la iglesia nos fuimos derecho a la estacion de autobus para cumplir el objetivo que nos habia traido a Pisa: sacarnos una foto boluda sosteniendo la torre? Despues. Primero, debiamos visitar Caprona, el pueblo de mi tatarabuelo Luigi Magrini.

Arribamos al pueblito cercano a los montes de la Toscana con solo diez minutos para tomarnos el bus de regreso, asi que rapido nos pusimos a buscar la casa. La busqueda termino rapido, con el hallazgo del n 1 de la Via delle Cave, aunque la casa era nueva, en ese suelo habia vivido mi ancenstro. Volviendo para tomarnos el bus, nos quedamos parlando con una vieja en bicicleta, asi de entretenidos estabamos con la charla que vimos pasar el bus por detras de la macanuda anciana, quien gracias a Dios nos dijo que habia otro bus en 1 hora.


Aprovechamos el tiempo y nos fuimos a visitar la Chiesa de Santa Giullia, donde muy probablemente fuera bautizado el viejo Luigi. Construida en el sX, la iglesia era sumamente sencilla, pero emanaba una paz que la populosa Roma no se permite.

De camino a la parada del bus nos robamos unas uvas de un viniedo y felices con el botin nos sentamos a esperar, vigilados por la torre que se cierne en un peniasco sobre el pueblito.

Media hora despues recogiamos las mochilas y atravesabamos Pisa. Pizza y cagada de paloma en el hombro de por medio, llegamos al sitio donde se encuentran la basilica, el batisterio y el campanario o Torre inclinada de.


Si bien no tiene mucho mas que eso para ofrecer, Pisa es una ciudad con encanto, con una identidad propia y bastante tranquila. Tirados en el pasto a la sombre del batisterio, descansamos un buen rato antes de volver a la estacion y tomar el tren a Firenze.

Florencia queda a una hora de Pisa, pero nos equivocamos de tren y tomamos el que tardaba dos. Llegamos como a las 6 de la tarde y fuimos al hostel David Inn, muy bien localizado. Alli nos atendio una gorda negra que no entendimos por que tenia como barba. Pero lo peor es que no hablaba muy bien y se ponia nerviosa por todo, y emitia de tanto en tanto un ruido gorilesco.

Terminamos de hacer el booking y nos fuimos del 3 piso a nuestro cuarto en el 1ero a dejar las cosas y baniarnos, para dar una vuelta. Caminando por la ciudad encontramos un mini concierto de organo, clarinete y tenor en una iglesia chiquita, muy bueno. Y a la salida nos cruzamos con los franceses del hostel de Roma, que estaban parando en el mismo que nosotros. De ahi a comer un arrocito y a la cama.